
Dime la verdad: ¿a qué más de una vez te has prometido que esta vez sí: nada de gastos innecesarios? Pero, dos días después, te sorprendes con una freidora de aire que apenas cabe en la cocina, otra suscripción de streaming y un bote de aceitunas gourmet… Aunque ni siquiera te gustan las aceitunas.
No es casualidad, el ser humano no es completamente racional (por mucho que la Teoría Neoclásica se empeñe en defenderlo). A diferencia de la teoría económica clásica, que asume que todos somos racionales y tomamos decisiones basadas en nuestras preferencias, la Economía del Comportamiento demuestra que nuestras elecciones están influenciadas por emociones, sesgos cognitivos y el entorno en el que nos movemos.
Daniel Kahneman y Richard Thaler, prestigiosos premios Nobel de Economía, han estudiado durante décadas cómo nuestro cerebro nos juega malas pasadas cuando manejamos dinero. Y si no aprendemos a identificar estos sesgos, seguiremos gastando de más, invirtiendo mal y tomando decisiones financieras que parecen sensatas en el momento, pero que luego lamentamos. Los que llevéis tiempo en la Newsletter sabéis que es uno de los temas que más me gusta tratar, por todas las implicaciones que tiene (y por algo que te cuento al final del artículo).
Cómo lo irracional afecta a tu bolsillo (y a más cosas)
Uno de los sesgos más poderosos es el efecto anclaje. Nuestro cerebro tiende a darle un peso desproporcionado a la primera información que recibe, especialmente cuando se trata de números. Lo vemos en las negociaciones, en los precios tachados de los descuentos y hasta en la percepción de valor de un producto o servicio. Si una tienda etiqueta un abrigo con un precio “anterior” de 300€ y ahora lo ves a 120€, lo primero que piensas es que es una ganga, aunque en realidad su precio real nunca superó los 120€.

Otro sesgo que domina nuestras finanzas es la aversión a la pérdida. Richard Thaler demostró que las personas sienten más dolor al perder 50€ que satisfacción al ganar esa misma cantidad. Es el motivo por el que seguimos pagando suscripciones que no usamos, mantenemos inversiones ruinosas o nos aferramos a negocios que llevan tiempo sin funcionar: nos cuesta aceptar la pérdida y preferimos engañarnos con la esperanza de que las cosas mejorarán.
Y todo esto no solo aplica a las decisiones financieras como ya habrás imaginado, porque estoy segura de que más de un ejemplo del día a día te ha venido a la cabeza con los dos sesgos que acabamos de nombrar… Nos aferramos a cosas inútiles y que llegan a hacer daño solo por, entre otras cosas, sufrir el poder de alguna de estas limitaciones cognitivas. Así que son más importantes de lo que creemos.
Cómo evitar que tu cerebro arruine tus decisiones financieras
Saber que estos sesgos existen no es suficiente (es como tener una muy buena idea pero no ponerla nunca en práctica). Para tomar mejores decisiones financieras -o no, hay que aplicar estrategias concretas:
- Antes de comprar, cuestiona el precio: No te digo que cuestiones todas las tiendas y rebajas que veas, sino que, sobre todo, llegados momentos concretos (Black Friday, Navidad,…) andes con mayor precaución. Investiga si el descuento es real y pregúntate si hubieras comprado el producto a su precio original.
- Desafía la aversión a la pérdida: Si una inversión o gasto no está funcionando, pregúntate: “Si hoy empezara de cero, ¿volvería a elegir esto?”. Si la respuesta es no, es hora de cambiar de estrategia.
- Usa el poder de la inercia a tu favor: Automatiza ahorros e inversiones para evitar que las emociones dicten tus decisiones. Lo mismo que te hace pagar una suscripción inútil sin darte cuenta, puede hacerte acumular riqueza si configuras transferencias automáticas a tu fondo de inversión o cuenta de ahorro.
Por eso no me canso de decir que, en Economía Para Adultos nos gusta hablar alto y claro de cómo funciona el mundo de la Economía y los negocios, así que la idea de entender la Economía de una forma estática no nos va. Ya en la universidad me empezó a interesar este tema, y, de hecho, el Trabajo Final de Grado tuvo que ver con ello.
Algún día te contaré qué pasó cuando el tribunal vio mi trabajo, que se salía de lo “común” a nivel de análisis económico de un problema… Pero para eso deberás estar suscrito a la Newsletter!
Y, es que, realmente la Economía Conductual no debe entenderse como una escuela (bajo mi punto de vista), sino como el complemento con el que la Economía se hace más “humana” y real a la hora de analizar cómo tomamos decisiones.